
No soy poeta, ni mis palabras poseen la magia idílica de tus ojos, desaparece el miedo que me produce el azul profundo del mar, al navegar en ellos y descubrir inagotables sensaciones de un corazón inocente, que no se cansa de amar,
Quemando mi piel junta a la tuya con el calor de tu abrazos, ¿qué hago yo, si algún día tus ojitos de sal y arena dejarán de mirarme?, ¿si no pudiera verme reflejada en tus ojitos de mar?!!
Cuando eso suceda: Me echaré rendida sobre la arena, hasta que el mar embulla y destiña el recuerdo de tus ojos!
