
Tras todo un viacrusis de esperanzas infundadas y rotas, la mente agotada de tanto pensar y el cuerpo atolondrado de caminar sin más... Una caminata que sólo nace cuando sabes con mucha certeza que ya nada más volverá a emerger de ti misma, y que sólo por una vez y eternamente verás cumplidos esos anhelos de ver el mundo con color,y borrar las imágenes insípidas de una ciudad que no tiene alegría, que colorea su tristeza con el insoportable descaro de aquellos que sonríen cuando desean morir.
Es justo cuando dejo mi mente en blanco, y viene a ella la imagen serena de mi misma sentada en el parque, ¡con una sonrisa verdadera!, de esas que sólo se dibujan cuando estás viendo color, ¡mucho color!
Un color más intenso que el de los furiosos hilos de sangre que escupían con rabia mi venas, al contacto con la plata de una sumisa navaja.
