
Tras varios meses luchando con el miedo escénico, bailar ante público el viernes pasado, supuso para mi el inicio para romper con todas las barreras que me impedían evolucionar en la danza.
Confieso que al bailar temblaba, no dejé de sonreír en ningún momento, puesto que me declaro enamorada de esta danza y de la música. Interpreté dos canciones, ambas de Hakim, porque el dueño del lugar me pidió canciones marchosas.
Aplausos, nervios, miradas que juzgan, pero sobretodo decepción al finalizar la noche, las palabras del "señor del local" sin duda me hirieron profundamente, pues levantaron viejas cicatrices. Me dijo: "Tienes un baile muy bonito, elegante y que gusta a los árabes, pero en este local tengo más público occidental y tus caderas son algo grandes....! te llamaré si logras reducirlas".
Hijo de....!!!!! me dieron ganas de matarle, pero me contuve, porque aun en aquellos tiempos en los que mis huesos amenazaban con salirse, siempre tuve caderas generosas, no les daba mayor importancia, me hacían distinta y no pienso volver a aislarme del mundo en busca de un cuerpo que ya no tendré.
Lo que me queda muy claro es que en ese sitio no bailo nunca más, ni con caderas, ni sin ellas!
